¿Es cierto que existen 13 signos del zodiaco?

Como un corcho que siempre sale a flote, de vez en cuando resurge la noticia de que se ha “descubierto” una nueva constelación y que, por tanto, los signos del zodiaco no son doce, sino trece. De manera que todo aquello en lo que se basa la astrología estaría equivocado y tendríamos que reescribir de nuevo todos los libros.

Así que, de manera recurrente, alguien me pregunta sobre este tema, temiendo que todo lo que hemos dado por bueno en astrología durante los últimos 4.000 años, esté a punto de hundirse como el plomo.

En este artículo intentaré explicar por qué esto no es así y por qué no tenemos que rehacer todas las Cartas Astrales (lo cual sería un problema para mí, que llevo más de 30 años haciéndolas).

Advierto que voy a usar un lenguaje sencillo y con explicaciones muy básicas. Desarrollarlo en profundidad requeriría mucho espacio.

Para empezar, hay que entender que las constelaciones son un invento del ser humano. Así de simple.

Nuestra mente tiene la tendencia a unir puntos y crear figuras, pero la realidad es que la mayor parte de las constelaciones están formadas por estrellas que no tienen nada que ver entre sí. Por ejemplo, la constelación de Virgo está formada por de miles de galaxias diferentes que se extienden por una zona amplia del cielo.

Todas las constelaciones se conocen desde que la antigüedad, especialmente aquellas que forman parte de la eclíptica, que es el camino aparente que sigue el sol durante el año. Así que no hay ningún “descubrimiento” reciente sobre el tema. Todas ellas están definidas por la Unión Astronómica Internacional desde hace un siglo.

Además, las constelaciones no tienen el mismo tamaño. Algunas son muy extensas y otras, diminutas. Si se usaran como referencia, los signos tendrían diferente extensión y el Sol estaría mucho más tiempo en unos que en otros.

Dicho todo esto: las constelaciones no tienen nada que ver con la astrología que realizamos la mayor parte de los astrólogos occidentales.

La astrología que practicamos se basa en el movimiento aparente del sol en los cielos a lo largo del año, que da lugar a las estaciones. A esto, por supuesto, se suma el movimiento de la Luna y los planetas del sistema solar, así como otros factores.

Pero la base de todo tiene que ver con la Tierra y el Sol, no con remotas estrellas o constelaciones. Así que puede haber 13 o 13.000 constelaciones. Da igual.

El comienzo de cada estación viene marcado por el hecho de que los días sean más cortos o más largos, y también a través de cambios en el clima. Esto tiene que ver con la inclinación de la órbita de la Tierra alrededor del Sol.

Cuando trasladamos la eclíptica a un papel y trazamos una Carta Astral, estamos dibujando una circunferencia que tiene 360 grados. Si dividimos ese espacio entre las cuatro estaciones, tenemos cuatro segmentos de 90 grados cada uno.

Sabemos que cada estación comienza por un momento de “fuerza”, que viene representado por los cuatro signos cardinales: Aries, Cáncer, Libra y Capricornio. Estas son las energías que “dan inicio” y son transformadoras y activas. Cada signo gobierna durante 30 días, que son los 30 grados que recorre el Sol en ese segmento del cielo.

A los signos cardinales, siguen, en cada estación, los fijos: Tauro, Leo, Escorpio y Acuario. Ellos son los que toman la energía del inicio y perseveran en ella, para obtener resultados tangibles durante sus 30 días de regencia. Y a éstos, les siguen los signos mutables: Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis. Son los que preparan el cambio para la nueva estación.

12 signos, de 30 grados cada uno, hacen 360 grados, que se acercan mucho a los 365,25 que dura el año solar. Con pequeñas correcciones, este es el origen de nuestro calendario, basado en el ciclo de las estaciones y en los doce meses con los que contamos.

Por supuesto, el número 12 tiene otra connotación: 12 = 3 x 4

Las tres cualidades (cardinal, fijo y mutable) multiplicadas por los cuatro elementos (fuego, tierra, aire y agua), nos dan todas las variedades de la energía celeste. Cada signo, por tanto, tiene una combinación única de cualidad y elemento. Por ejemplo, cada signo cardinal pertenece a un elemento distinto. Por eso cada signo es diferente, pero todos tienen la misma longitud y el mismo valor. Ninguno es mejor o peor que otro.

Por último, hay que entender que la “energía” celeste, es una. Pero es algo tan vasto, que resulta inabarcable para nuestra mente. El concepto de la unidad absoluta, como el de infinito, se nos escapa.

El hecho de que la dividamos en 12 partes es tan arbitrario como dividirla en cualquier otra cifra. Simplemente, es una forma de hacer comprensible aquello que de otro modo nos costaría mucho entender.

Es un defecto que tenemos los seres humanos, trocear la realidad para poder asimilarla. Así somos.

¿Se podría crear un sistema astrológico de 13 signos? Claro que sí. Otra cosa es que tenga coherencia interna (el 13 es un número primo) y que, a la hora de la verdad, funcione y sea útil.

A quien quiera intentarlo, le deseo suerte. Tiene en frente un sistema que lleva unos cuantos miles de años funcionando bien. Y los que le quedan.