Considero que el acontecimiento más importante que vamos a vivir en 2020, un acontecimiento que tendrá eco en tiempos venideros, tiene que ver con un ciclo que llevo estudiando desde hace mucho tiempo y que se relaciona con los dos planetas “sociales” de la astrología.

Júpiter y Saturno eran, desde antiguo, los planetas más lentos conocidos por el ser humano. Recibían el nombre de “cronocratores”, que significa literalmente “gobernantes del tiempo”. Desde hace miles de años, los astrólogos del pasado y del presente, venimos observado que cuando Júpiter y Saturno se encuentran en el cielo, auguran grandes movimientos sociales.

El ciclo de los cronocratores tiene dos partes:

  • Una de corto recorrido, que se produce cada 20 años, cuando los dos planetas se encuentran en el cielo (conjunción).
  • Estas conjunciones se repiten en el mismo elemento (fuego, tierra, aire o agua) durante 200 años aproximadamente, para luego cambiar a otro elemento. Entre cada ciclo de 200 años se da una interfase de unos 20 ó 40 años en los que estamos a caballo entre una energía y la siguiente.

Es decir, que Júpiter y Saturno hacen conjunción cada 20 años en un signo determinado, que pertenece a un elemento concreto. Estas conjunciones se repiten durante dos siglos en ese mismo elemento, formando ciclos que están impregnados de la energía de ese elemento.

Pues bien, como ya habrás imaginado, ahora mismo estamos en un cambio de ciclo. En 1802 empezamos un período de energía tierra que llegó hasta el año 1980. En ese momento, la conjunción de los cronocratores cambió hacia el elemento aire. Pero en el siguiente encuentro, en el año 2000, se volvió brevemente a la tierra (la interfase). La próxima conjunción, en 2020, se dará en el elemento aire, y se seguirá produciendo dentro de la energía de aire durante casi dos siglos.

Para que se entienda más fácilmente, puedes ver la alternancia de ciclos en el gráfico adjunto.

¿Qué significa el cambio de la energía de tierra a la de aire?

La tierra se relaciona con todo aquello que es sólido. En el plano económico, es el capitalismo financiero, la industria pesada, las empresas que manejan objetos tangibles, los combustibles fósiles, el dinero contante y sonante. También la agricultura y las industrias extractivas (minería, pesca). Socialmente nos muestra un colectivo regido por normas, donde los cambios son lentos pero significativos. Esa es la visión del mundo que nos ha dominado durante los últimos dos siglos.

La energía del aire se relaciona con el dominio de la mente, la comunicación y el movimiento. El primer atisbo de lo que sería la energía del aire la tuvimos entre 1980 y el año 2000. Es la época en que la informática se populariza, cuando surge Internet y es el período en el que las energías alternativas demuestran que pueden ser una alternativa a un petróleo cada vez más caro y escaso. Los cambios sociales son evidentes y muy veloces, como la caída del muro de Berlín o diversos movimientos sociales y de conciencia.

Este impulso siguió durante el breve retorno a la energía de tierra entre 2000 y 2020, pero este período vino marcado por muchas dudas en cuanto a lo que significa la globalización y el lado más oscuro de las tecnologías. Estamos, por decirlo de alguna manera, a contrapié. La crisis económica ha hecho que muchos se replanteen la forma en que se está construyendo el mundo y esas dudas van a ser más contundentes en el período que comienza. La apertura del mundo está creando problemas de inmigración y brotes de xenofobia. También este período empieza a dar señales del declive de la potencia que emergió durante el ciclo de tierra: Estados Unidos.

Lo que parece seguro es que a partir de 2020 comienza una era de doscientos años que puede llevar a cambios muy profundos. Y sólo estamos empezando.

La realidad “tangible” va a ser cada vez menos sólida. El dinero físico va a desaparecer y desde luego, el mundo de la información y la tecnología van a sufrir un avance que todavía no podemos ni imaginar. Además, cada vez parece más cercana la posibilidad de descubrir vida fuera de nuestro planeta (al menos vida microbiana en nuestro sistema solar), un acontecimiento que modificará la conciencia humana. Todo eso si no nos autodestruimos como especie, cosa que tratándose del ser humano nunca se puede descartar.

Estamos, pues ante las puertas de una era diferente, pero no necesariamente buena, ni mala. El aire nos puede impulsar a otros mundos, reales o virtuales. Pero también vemos cómo nuestro planeta, nos empieza a tratar como a parásitos peligrosos. Paradójicamente, durante estos dos siglos de energía tierra, hemos maltratado a nuestro planeta, lo que me hace pensar si seremos capaces de extraer lo mejor de la energía del aire, o simplemente nos introduciremos cada vez más en mundos virtuales que acaban siendo cárceles reales.

Muchos de nosotros sólo veremos el inicio de este nuevo ciclo, pero los que vienen detrás, serán los protagonistas de una nueva forma de vivir, en un mundo que se escapa a nuestra imaginación.

Soy consciente de que los titulares que anuncian brillantes “nuevas eras”, o por el contrario, catástrofes de todo tipo, venden bien. Apelan a los sentimientos: al deseo de algo mejor, o al miedo a lo peor. Pero yo creo que lo mejor o lo peor depende de nosotros. No creo que ningún “rayo cósmico” nos salve de nosotros mismos. Sería un alivio, pero sería inmerecido. Creo que tenemos la capacidad de hacer las cosas bien, pero tenemos que querer hacerlas bien.

La energía disponible no cambia nuestra conciencia, sólo nos da oportunidades que podemos aprovechar. O no.

¿Estamos preparados para aprovecharlas?

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