No creo en un Dios intervencionista
pero sé, querida, que tú sí.
Y si creyera, me arrodillaría y Le pediría
que no interviniera contigo,
que no tocara ni un pelo de tu cabeza,
que te dejara ser como eres.
Y si Él sintiera que tiene que dirigirte,
que te dirija a mis brazos.

A mis brazos, oh Señor.
A mis brazos.

No creo en la existencia de los ángeles,
pero mirándote me pregunto si será verdad.
Y si creyera, los convocaría a todos
y les pediría que te cuidaran,
que cada uno encendiera una vela por ti,
para que tu camino sea claro y brillante,
y para que andes, como Cristo, en gracia y amor,
y te guíes hacia mis brazos.
A mis brazos, oh Señor.

Pero creo en el amor,
y sé que tú también.
Creo que existe algún tipo de sendero
que podemos recorrer tú y yo.
Así que mantened las velas encendidas
para que hagan su camino brillante y puro,
para que pueda retornar,
siempre y en todo momento,
a mis brazos, oh Señor.

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