Lo que de verdad (de verdad) importa

Acabo de ver la película de Paco Arango, “Lo que de verdad importa”, que como quizás sepas, tiene una finalidad benéfica: recaudar dinero para una fundación que ayuda a los niños con cáncer.

Fui al cine sin ninguna idea preconcebida acerca de lo que iba a ver, aparte de lo que ya sabía acerca de la función benéfica del film.

La verdad es que no esperaba encontrarme con ninguna obra de arte, y es cierto que la película en ningún momento pretende serlo, en ningún aspecto. Es una obra correctamente filmada, con un guion mejor de lo que me esperaba y con unas actuaciones adecuadas. Nada extraordinario.

Y sin embargo, tanto a mí como a la persona que me acompañaba nos dejó un buen sabor de boca. Sonríes y te emocionas porque sabes que lo importante no es tanto la película, sino el descubrir que aún hay personas que intentan, con su arte, transmitir un mensaje positivo. Un mensaje que, sin querer desvelar el argumento, tiene que ver con aceptar un don o dejarlo pasar, y con las consecuencias que tiene una u otra decisión.

Al volver a casa, entré en Internet a ver qué se contaba de la película, y descubrí algo.
Todas las críticas de los críticos profesionales eran negativas; en cambio, las críticas escritas por el público eran en su mayoría positivas. Me pareció llamativa la diferencia.

Una de los comentarios negativos que leí acerca de ella es que lo que pretende contar es fantasioso. Claro, es que como todos sabemos, lo de que en una galaxia muy lejana vive un tal Luke Skywalker, es una verdad incontestable. El cine o la literatura parten de una premisa, que es la suspensión de la incredulidad. A menos que la historia esté tan mal contada que te saque de la propia realidad que pretende crear, el espectador o el lector tienen que dejarse llevar, porque si no, no funciona. Y esta historia está bien contada.

Parece que a algunas personas les molesta cierta dosis de fantasía cuando no está al servicio de su visión del mundo. Hemos llegado a ese punto en que determinadas ideas molestan. Determinadas visiones de la realidad que simplemente hablan de sacar lo mejor de nosotros mismos, se ven como algo pueril.

No todos los mensajes tienen que ser elevados, porque no todas las personas acceden a los mensajes elevados. En un nivel sencillo, que cualquiera puede comprender, está película habla de lo que podríamos denominar “la llamada”.

Existe un destino que es el resultado de nuestro carácter y que se corresponde con el camino fácil; el que se transita casi sin darte cuenta desde la cuna hasta la tumba, que no te exige mucho, pero tampoco te regala demasiado. Y existe un Destino (con mayúsculas) que es “ser lo que de verdad puedes llegar a ser, hacer lo que mejor sabes hacer” y que obliga a tomar decisiones y a afrontar incomodidades. Es el Destino que exige todo, y que a cambio te da todo. Solo cuando te entregas a ese Destino, compruebas lo que es vivir apasionadamente.

Pero como digo, hemos llegado a este punto en la historia en que pensar que el amor puede sanar, molesta.

Ahora bien, incluso a aquellos a quienes les molesta, algún día les sanará el amor.