El Alma de vuelta

No soy muy partidario de las teorías de la conspiración, pero si hay alguna conspiración en marcha, sin duda sería esta: la conspiración para hacernos sentir pequeños, insignificantes, sin valor.

Hablo ahora de la tremenda, de la terrible conspiración que intenta convencernos, por ejemplo, de que somos una maquinaria biológica destinada a un lento declive, de que no tenemos un alma. Hablo del lavado de cerebro constante a través de la publicidad, de la televisión basura, o de la industria del entretenimiento al por mayor. Un lavado de cerebro que, sutil y no tan sutilmente, nos repite un mensaje: “no eres nada, no vales nada, eres sólo una pieza de la gran máquina del trabajo, el entretenimiento y el consumo. No pienses demasiado, no opines diferente, no vale de nada”.

Porque ese es el mensaje con el que se nos martillea continuamente.

Todo esto viene al hilo de una conversación. No hace mucho, hablando con una mujer joven, preparada, acerca del panorama de los medios de comunicación, de las personas que trabajan en ellos, entendí su desesperanza. ¿De qué vale intentar ser original, querer contar algo desde el corazón, si tienes un contrato basura por el que pueden prescindir de ti y contratar a otro que está deseando cubrir tu plaza?

Volviendo a casa aquella noche, yo que soy de una generación posterior y que empiezo a sentirme responsable de este mundo, porque en parte lo he creado, me preguntaba: ¿cómo ha sido posible esto? ¿Quién ha quebrado el alma de esta persona? Y generalizando ¿Quién nos ha hecho creer que somos pequeños, insignificantes, una pieza reemplazable de un engranaje sin alma? ¿A quién beneficia este engaño?

No tengo una respuesta clara, pero sí una sospecha. En esta era de la codicia en la que unos pocos se están enriqueciendo a costa de los más, conviene que nos sintamos pequeños, de poco valor. Conviene que perdamos la esperanza y que depositemos la ilusión en todo aquello que puede convertirse en dinero. Conviene que no demos valor a lo que son nuestros valores. Conviene que no seamos individuos, sino rebaño. Conviene que seamos consumidores pasivos de noticias prefabricadas, de entretenimiento vacío, de productos rápidamente obsoletos.

Y sin embargo, amiga periodista, hay una historia que sólo tú puedes contar, que está esperando ser expresada en tus palabras. Hay una historia que aún no conoces, con la que aún no te has topado, pero que te está esperando. Y esa historia es sólo el inicio de mil más. Y cuando la tengas, cuando estés dispuesta a expresarla, cuando desees gritarla para que todos la conozcan, sólo entonces encontrarás el medio de hacerlo.

Y en ese proceso sé que encontrarás a tu Alma. Y la abrazarás como a una antigua amiga que vuelve a casa.