Cortando cabezas

“Si encuentras un Buda en tu camino, córtale la cabeza.”
– Proverbio budista

(El budismo zen es muy prolífico en frases como estas. Y esta me encanta.)

Ya que estamos en tiempos de Marte retrógrado, en los que las personas retienen su ira aunque les esté quemando por dentro, o la dirigen al sitio equivocado, es buen momento para hablar de la decapitación del Buda.

La palabra “Buda” no significa otra cosa que “el que está despierto”, y la naturaleza de Buda no es otra que alcanzar el despertar, la consciencia, vivir con los ojos muy abiertos. Tanto a lo que ves como a lo que no ves. Tanto a lo que grita en tu realidad, como también a la realidad silenciosa que encuentras cuando cierras lo ojos y, en meditación o en contemplación, te miras.

¿Pero por qué querría un budista cortar la cabeza del Buda? ¿Acaso no desearías encontrarlo en tu camino, sentado bajo una higuera, y ponerte a su lado, respirar su paz, esperar sus palabras? ¿No era el maestro que buscabas?

En realidad, el Buda que encuentras en tu camino no es más que un reflejo: algo que crees que está fuera. Pero si tú estás tan despierto como para reconocerle, ¿acaso le necesitas? Lo que te separa del Buda interior, lo que te haría comprender que ese Buda externo es sólo un espejismo, no es otra cosa que tu mente. Por eso debes cortar su cabeza, que es la tuya. Debes separarte de tu mente pequeña, sacrificarla, para descubrir las cosas tal como son.

El Buda que encuentras no es más que una figura decorativa, un enano de jardín con una etiqueta y un precio. ¿Dónde está tu despertar? ¿Acaso despertar es ver lo evidente, lo fácil? ¿O acaso el despertar está en las trampas del destino?

Si ves a Buda, es que no te ves.