El Alma del Mundo

Como se suele decir, traigo dos noticias, una mala y otra buena.

La mala noticia es que nos han desnaturalizado (la cultura, la religión, la familia, los medios de masas). La buena noticia es que siempre estamos a un paso de volver a ser lo que siempre deberíamos haber sido, lo que somos en realidad pero no queremos ver: algo vivo, no dividido, movido por fuerzas que nuestra mente no siempre comprende, pero que siempre nos llevan al sitio correcto con las personas correctas. Un alma en un mundo físico.

Pero ni siquiera cuando somos conscientes de esta realidad, dejamos del todo esa división interna que tan bien nos han enseñado a sentir como real. Nos vemos como almas aisladas. Quizá en compañía de almas afines o no, pero solos en medio de un mundo inmenso, vacío y muchas veces hostil.

En todas las tradiciones espirituales se menciona un concepto que me gusta traducir como el “Alma del Mundo”, el espíritu vivo que está detrás de todas las cosas visibles e invisibles. Una esencia de la que somos parte, pero que como humanos sólo podemos empezar a reconocer cuando la vemos fuera de nosotros.

El Alma del Mundo habla en parábolas, en cuentos, en los sueños que tenemos cuando estamos dormidos y en los sueños que tenemos cuando estamos despiertos. Habla a veces con la suave voz de una corazonada o con el grito de una tragedia o un dolor. Pero no solemos escucharla.

Monologamos, pero no dialogamos con ella. Ni siquiera queremos saber que existe.

El Alma del Mundo me habló como tantas veces en mis bosques, en Gran Canaria, el penúltimo día de esta navidad. La niebla era intensa y yo andaba hablando con el espíritu errante de mi padre, asomándome a los acantilados y escuchando a los árboles. No había nada que ver excepto un vacío blanco que contenía todo y nada.

De repente, la niebla se abrió y se convirtió en un benévolo mar de nubes a mis pies, a mil seiscientos metros de altitud. Entre jirones blancos, creí ver mi pueblo allá abajo en las medianías, y sentí que el Alma del Mundo y el alma de mi padre, querían hablarme fuerte y claro pero yo era demasiado torpe para entender.

Sólo acerté a decir: “vete a la luz, tu tarea ya ha terminado”. Entonces me giré y sobrecogido y agradecido, sólo acerté a hacer esta fotografía.