Honestidad brutal

Algunas de las personas que considero “maestros” eran gente que daba mucha caña, con cariño, pero caña (a su lado soy un corderito). De ellos aprendí algo importante, que uno debe, ante todo, intentar no engañarse a sí mismo. Porque cuando no eres capaz de verte con “honestidad brutal”, alguien vendrá con la vara a ponerte en tu sitio.

Por supuesto, no siempre tenían razón, nadie la tiene siempre, y yo he sido muy díscolo y demasiado orgulloso, pero más que las cosas concretas, aprendí de ellos una actitud, una forma de vivir: estar atento.

Se puede perdonar cierta soberbia autodefensiva cara al exterior, pero mirando hacia tu interior tienes que ser transparente como el cristal.

Lo que es, es. Sólo así se avanza.

Otra cosa es el incierto filo que separa la sinceridad constructiva de la autocrítica feroz. De caer en el lado peor sólo te salva el grado de amor que te tengas.