In the garden – Van Morrison

Los campos están siempre mojados por la lluvia,
después de un chubasco de verano,
cuando te veo de pie, de pie en el jardín,
en el jardín húmedo con lluvia.

Secaste las lágrimas de tus ojos con dolor
y vimos los pétalos cayendo al suelo.
Y cuando me senté a tu lado sentí
la gran tristeza de ese día en el jardín.

Y entonces un día volviste a casa.
Eras una criatura toda en éxtasis.
Tenías la llave de tu alma y la abriste.
Ese día que volviste al jardín.

La vieja brisa de verano sopló sobre tu cara.
La luz de Dios estaba brillando en tu rostro divino.
Y eras de un color violeta, mientras
te sentabas junto a tu padre y tu madre en el jardín.

La brisa del verano soplaba en tu cara.
Dentro de tu violeta atesorabas tus palabras veraniegas.
Y mientras, el estremecimiento que bajaba desde mi cuello hasta mi columna vertebral
me encendía en luz diurna y naturaleza en el jardín.

Y entraste en un trance.
Tu visión infantil se hizo muy clara,
mientras escuchábamos las campanillas dentro de la iglesia que tanto amábamos.
Y sentíamos la presencia de la juventud en veranos eternos en el jardín.

Y mientras tocaba tus mejillas suavemente
naciste de nuevo y te sonrojaste.
Y nos tocamos mutuamente con suavidad.
Y notamos la presencia del Cristo en nuestros corazones, en el jardín.

Y me volví hacia ti y te dije:
ningún gurú, ningún método, ningún maestro.
Sólo tú y yo y la naturaleza.
Y el Padre que está en el jardín

Escúchame: ningún gurú, ningún método, ningún maestro.
Sólo tú y yo y la naturaleza.
Y el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo.
En el jardín, húmedo con la lluvia