Del “Libro Rojo” de Jung

“Alma mía, ¿dónde estás? ¿me escuchas? Estoy hablando, ¿me escuchas? He vuelto. Estoy aquí de nuevo. He sacudido el polvo de todas las tierras de mis pies, y he venido ante ti. Estoy contigo. Después de largos años de vagabundeo, vengo a ti otra vez. ¿Debería contarte todo lo que he visto, lo que he experimentado y lo que me ha fascinado? ¿O quieres oír todo el ruido de la vida y del mundo? Pero debes conocer una cosa: lo único que he aprendido es que uno debe vivir esta vida.

Esta vida es el camino, la única vía hacia aquello inabarcable que denominamos lo divino. No hay otro camino y todos los otros caminos son vías falsas. Yo encontré el camino correcto: me condujo a ti, a mi alma. Vuelvo templado y purificado. ¿Aún me conoces? ¡Qué larga ha sido la separación! Todo se ha vuelto tan diferente. ¿Y cómo te encontré? ¡Qué extraño fue mi camino! ¿Qué palabras debería usar para contarte a través de qué torcidos caminos una buena estrella me ha guiado hacia ti? Dame tu mano, mi casi olvidada alma. Qué cálida es la alegría de verte de nuevo, mi alma casi negada. La vida me ha guiado de vuelta ante ti. Demos gracias a la vida que he vivido por todas las felices y las tristes horas, por cada alegría, por cada tristeza. Alma mía, mi viaje debería continuar contigo. Vagaré contigo y ascenderé hacia mi soledad.”

– C. G. Jung, “Liber Novus”